Busqué mi escarapela todo el 18 de mayo. Suelo utilizarla para fechas patrias. Dos que dan vueltas por la casa en un mismo alfiler de gancho son de la más pequeña, algo que inculcamos desde sus primeros años y ahora lo vemos doblemente valorado en sus abrigos. Que inculcamos sin preguntarnos demasiado, hasta este 18, que a falta de ésta nos pegaron una en la puerta; la del censo.
Este distintivo, que hay quienes se lo atribuyen a French y Beruti y quienes a mujeres que se reunieron con Cornelio Saavedra en 1810, fue solicitado para diferenciarse del enemigo y puesto de manifiesto por Belgrano a las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1812.
67 años antes de saber la primera cifra estimada de habitantes y su forma de vida. 67 años antes del primer censo que duró días en vísperas de la primavera de 1869 y que arrojó 1.877.490 personas, 3/4 pobre, casi mitad hombres y la otra mitad mujeres, muchas viudas por las guerras, más curanderismo que médicina, más maestría que abogacía y poca infancia en las escuelas. Que, con el reciente aproximado de 47.327.407, nos revela también que el crecimiento poblacional anual no era muy diferente previamente, por lo tanto la cantidad con escarapela no superaban las 6 cifras y tenía algún sentido.
Pero hoy, además de conseguirlas fácilmente, ¿de quienes deberíamos diferenciarnos si somos libres hace rato?, ¿por qué nos seguimos poniendo una cucarda albiceleste en el pecho si luego llegó la bandera para agruparnos?, ¿por qué inculcar etiquetas en generaciones que las cambian o las quitan?
En redes sociales (quizás hoy las mejores herramientas para obtener datos y estadísticas) la escarapela apareció poco en comparación a los memes y reclamos sobre las consideraciones que se tomaron para censar. Algunos de ellos innecesarios pero otros importantes para que los resultados sean realmente motivo de planificación y transformación social. Como la industria musical, artística y cultural, que mientras nos pone en lo más alto del mundo es ignorada a la hora del conteo. No tener en cuenta ciertas ocupaciones solo da cuenta que el objetivo será el mismo: saber aproximadamente la cantidad que vivimos, la cantidad que sabemos y la cantidad que servimos.
En aquel entonces con este sistema y los números en mano, el presidente Sarmiento implementó más de 1.000 escuelas como política de estado. Hoy, con estas indiferencias, sus resultados no prometen dar más soluciones que las ya conocidas.
Ojalá me equivoque pero mientras esperamos las cifras, armemos uno que incluya a quienes no pudieron especificar a qué se dedican en este hermoso suelo argentino para por lo menos sentir que lo que usted hace, patria, no es ignorado y puede ser opción para el futuro.
